¿'Quo vadis', transparencia?; por Joaquín Meseguer Yebra, subdirector general de Transparencia del Ayuntamiento de Madrid

 01/02/2018
 Compartir: 

El día 31 de enero de 2018 se ha publicado en Expansión Jurídico un artículo de Joaquín Meseguer, en el cual el autor considera que la transparencia es un gran asunto de Estado que llega tarde a nuestro país y que, por ese motivo, entre otros, requiere decisiones urgentes -también meditadas- y contundentes.

¿'QUO VADIS', TRANSPARENCIA?

Hace pocos días recibía una invitación de una formación política para poner por escrito algunas ideas para plantear un debate interno sobre las ideas fuerza que deben inspirar la evolución de la transparencia pública en los próximos tiempos. De esta propuesta surgen estas líneas que me atrevo a compartir en "voz alta" muy resumidamente.

En primer lugar, la transparencia, a pesar de su carácter instrumental, debe convertirse en una verdadera exigencia, en un prius en todo debate sobre "lo público" al margen de posiciones partidistas. La transparencia es el primer plato con el que se alimenta la democracia y esto debería ser asumido así por cualquiera que pretenda abanderar un proyecto político.

Mucho se ha escrito ya sobre los objetivos a los que debe responder cualquier acción en esta materia: la rendición de cuentas, el incremento de la participación ciudadana, la mejora de la eficacia en la gestión pública o la recuperación de la confianza en nuestros representantes, son algunos de ellos. Los que trabajamos en la gestión de la transparencia pública percibimos día a día el efecto directo que tienen muchas medidas que se adoptan en este ámbito sobre estas finalidades, y los beneficios inmediatos sobre lo que ahora coincidimos en denominar "regeneración democrática". La transparencia no es una falacia, ni una invención inútil.

La transparencia, sí, es un gran asunto de estado que llega tarde a nuestro país y que, por ese motivo entre otros, requiere decisiones urgentes -también meditadas- y contundentes.

Toda sociedad democrática anhela que sus ciudadanos puedan conformar su voluntad gracias a un debido acceso a la información. Solo de esta manera tendremos una ciudadanía consciente y despierta, responsable y exigente. Más allá de aquella primera consulta pública que se llevó a cabo en 2012 sobre el primer borrador de lo que luego llegaría a ser la primera ley de transparencia de nuestro país, con una pobrísima difusión y una respuesta más que decepcionante, nadie ha vuelto a preguntar a los ciudadanos qué información necesitan para construir adecuadamente su pensamientopolítico. Ante tal nula inquietud, la de quienes deberían ofrecerla y la de los que tendrían que demandarla, seguimos eligiendo a nuestros gobernantes basándonos en intuiciones o rumores, despreciando el valor de los datos y su evidencia.

Los planes de enseñanza tienen que ser, por todo lo dicho, permeables a estas necesidades, incorporando contenidos relacionados con la transparencia pública en la formación de las futuras generaciones. Solo conseguiremos ciudadanos más activos y comprometidos si educamos desde edades tempranas en actitudes cívicas y mostramos a los jóvenes el valor añadido que aportan los proyectos colectivos. Y es que, aunque las leyes nos lo reconozcan desde antes mismo de ser conscientes de ello, nadie nace ciudadano.

Es más fácil desterrar la arbitrariedad en el ejercicio del poder público cuando las decisiones son trazables y es posible hacer una radiografía completa del procedimiento de aprobación de las normas o el diseño de las políticas públicas que a todos nos importan y que soportamos con los tributos que pagamos. Por ello resulta imprescindible seguir avanzando en visibilizar las aportaciones de todos los actores que intervienen en estos procesos mediante iniciativas como la huella normativa, la accesibilidad a las agendas de trabajo de los dirigentes públicos y el registro de los grupos de interés.

En esta estrategia de fortalecimiento de la ética pública no debemos olvidarnos de trabajar para superar los déficits con los que han nacido las instituciones de control de la transparencia y para reconocerles capacidades inspectora y sancionadora. Desvincularlas a todos los niveles del poder ejecutivo -lo que han demostrado ya con sus resoluciones- y dotar a sus decisiones de mayor impacto, incluso presupuestario, ayudaría indudablemente a la consolidación de la transparencia.

Tampoco parece deseable ligar únicamente los avances en transparencia con el agravamiento de las potestades coercitivas de sus comisionados. También hay que explorar otras vías como la mediación o alternativas que permitan antes mejor que generar conflicto, fomentar la pedagogía, hacer cultura, construir otros paradigmas.

Finalmente, no es posible hablar de transparencia sin poner sobre la mesa la evidente demora de nuestra administración en incorporar las TIC a sus procesos. La tecnología aporta certidumbre, eficiencia y crecimiento económico, y por ello es también un ingrediente imprescindible de la transparencia. Llevamos ya una década de retraso "oficial" y quién sabe cuántas más de hecho en la implantación de la administración electrónica en nuestro país, y nadie parece inmutarse ante la expectativa de malgastar otra más hasta conseguirlo. Sin ella es imposible dar el empujón definitivo que necesita la reutilización de la información pública, con su puesta a disposición en formatos abiertos que permita un periodismo de datos más serio y crítico y, a la vez, constructivo y no dirigido.

Comentarios - 2 Escribir comentario

#2

...y corto se queda el profesor Jiménez Asensio...Si no hay transparencia dentro de las organizaciones ¿cómo se va a ser transparente hacia el exterior?

Escrito el 08/02/2018 9:35:37 por mlrodriguez@minetad.es Responder Es ofensivo Me gusta (0)

#1

Parole, parole, parole...
Nada que no suscriba cualquier persona cercana o mínimamente relacionada con este nuevo paradigma, pero muy alejado de las verdaderas preocupaciones de la ciudadanía, que vive, en palabras de Rafael Jiménez Asensio (1), "especialmente ajena a toda esa ebullición desenfrenada de la transparencia".
(1) Es muy recomendable la lectura del artículo de este autor, titulado "Mentiras de la transparencia", accesible en diversas fuentes, entre otras en http://www.theeconomyjournal.com/texto-diario/mostrar/713983/mentiras-transparencia

Escrito el 01/02/2018 13:19:57 por ccorral@jccm.es Responder Es ofensivo Me gusta (0)

Escribir un comentario

Para poder opinar es necesario el registro. Si ya es usuario registrado, escriba su email y contraseña:

 

Si desea registrase en la Administración al Día y poder escribir un comentario, puede hacerlo a través el siguiente enlace: Registrarme en La Administración al Día.

  • El INAP no es responsable de los comentarios escritos por los usuarios.
  • No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.

Últimos estudios

Conexión al Diario

Ágora

Ágora, Biblioteca online de recursos de la Administración Pública

Publicaciones

Lo más leído:

 

Atención al usuario: publicacionesinap.es

© INAP-2019

Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI: abre una nueva ventana