
Acturias.es 30.01.26
Barbón ha clausurado unas jornadas organizadas por la Sindicatura de Cuentas y el Consejo Consultivo dedicadas al Análisis de riesgos y fiscalización de los contratos públicos. En su intervención, ha resumido algunos de los pasos previstos por el Gobierno del Principado para que la contratación pública sea más eficiente.
El uso de la inteligencia artificial es uno de ellos. Para el presidente, el despliegue de la IA supone una oportunidad para evitar atascos administrativos. El Principado ya está explorando aplicaciones en distintas tramitaciones, un camino que ensanchará durante los próximos meses con nuevas iniciativas.
La contratación pública también sirve para avanzar hacia objetivos estratégicos para Asturias mediante la inclusión de determinados requisitos en las cláusulas. Así, la Ley de Impulso Demográfico ya estable una serie de cuestiones de obligado cumplimiento que favorecen a las pymes, los productos de calidad, el medio rural y el arraigo territorial, según ha destacado el presidente del Principado.
La reducción de los excesos burocráticos es otra medida necesaria, ha subrayado Barbón. Si bien la burocracia es necesaria “para garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la eficiencia en el manejo de los recursos”, su demasía resulta contraproducente. “Burocracia, sí; pero la burocracia justa”, ha concluido el jefe del Ejecutivo.
El Consultivo y la Sindicatura son los dos únicos órganos auxiliares recogidos en el Estatuto de Autonomía. Barbón ha resaltado la importancia de su colaboración, entre sí y con el Gobierno de Asturias. “Es una prueba de estabilidad, de madurez y, me atrevo a añadir, es lo que la ciudadanía espera: entendimiento para ser más útiles y resolver los problemas. La ciudadanía no quiere que las instituciones se tiren los trastos a la cabeza, que se enreden en la búsqueda de culpas o recurran al socorrido y tú más para salvar la cara, sino que se apoyen mutuamente para superar las dificultades”.
II JORNADAS DE LOS ÓRGANOS AUXILIARES DEL PRINCIPADO
Esta intervención es, sobre todo, un agradecimiento. Gracias por haber organizado estas jornadas, gracias a Diego Pérez y Ana Isabel Beltrán por su participación y gracias también a Roberto Fernández Llera, síndico mayor, y a Pablo Baquero, presidente del Consejo Consultivo, por haberme invitado a clausurarlas.
Voy a ser sincero: dedicar unas jornadas al “análisis de riesgos y fiscalización de los contratos públicos” no es el mejor reclamo para obtener una respuesta viral, como se dice ahora. Aquí se ha descendido a las simas técnicas de una cuestión farragosa, llena de aristas y de difícil comprensión pública. No lo digo como reproche, sino como elogio, porque este tipo de trabajo, amigo de la discreción y alejado de la apariencia, es insustituible.
Entiendan que oriente mi intervención con una perspectiva más general. El Consultivo y la Sindicatura son los dos únicos órganos auxiliares incorporados al Estatuto de Autonomía. Demorémonos en estas palabras para que no se nos escape su significado: son estatutarios porque el legislador decidió concederles ese rango e incorporarlos a la arquitectura autonómica, y son auxiliares porque están concebidos para ayudar. Son aliados del gestor público.
Un príncipe ruso, Kropotkin, resaltó hace más de un siglo la importancia del apoyo mutuo. Frente a los entusiastas del darwinismo social, sostenía que la colaboración es esencial para la evolución de la humanidad. No se inquieten, que no voy a echarme al monte del anarquismo: sólo aprovecho la cita para destacar la relevancia de la colaboración entre el Consultivo, la Sindicatura y el Principado. Es una prueba de estabilidad, de madurez y, me atrevo a añadir, es lo que la ciudadanía espera: entendimiento para ser más útiles y resolver los problemas. La ciudadanía no quiere que las instituciones se tiren los trastos a la cabeza, que se enreden en la búsqueda de culpas o recurran al socorrido “y tú más” para salvar la cara, sino que se apoyen mutuamente para superar las dificultades. En un Estado complejo como es España, la cooperación es una clave de bóveda. Estas jornadas son un ejemplo de colaboración institucional necesaria y útil.
La contratación pública tiene muy mala prensa. Yo mismo he defendido la conveniencia de modificar la ley actual (La ley, de 2017, es el resultado de una trasposición de directivas del Parlamento y del Consejo Europeo de 2014), desbordada de complejidad. No obstante, toca ser pragmáticos: ese es el marco, y mientras no se revise, hemos de saber aprovecharlo. Ese es el desafío inmediato que asumimos. Intentaré resumir en tres ideas cómo se plantea superarlo el Gobierno de Asturias.
- Con la burocracia justa. La primera tentación, casi inevitable, es equiparar contratación pública a lentitud y laberintos burocráticos. Hemos de medir bien, porque la burocracia es necesaria para garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la eficiencia en el manejo de los recursos. La buena contratación pública es el revés de la arbitrariedad y la corrupción. En este punto, deberíamos saber diferenciar bien entre la burocracia y el burocratismo, que es su exceso indeseable. Burocracia, sí, pero la burocracia justa.
- Como impulso para metas estratégicas. Un aspecto en el que no se suele reparar, pese a su importancia. Los poderes públicos podemos utilizar la contratación para avanzar hacia determinados objetivos. En Asturias tenemos una buena muestra: hemos sabido poner la contratación pública al servicio de la recuperación demográfica, un fin estratégico donde los haya. Basta con leer la Ley de Impulso Demográfico (En realidad, todo viene recogido en un único artículo de la Ley 2/2024, de Impulso Demográfico, el 9) para encontrar todo un compendio de iniciativas que favorecen a las pymes, los productos de calidad, el medio rural y el arraigo territorial. No es el único ejemplo, porque también hemos promovido la inclusión de criterios sociales en la tramitación.
- Con doble inteligencia. Con inteligencia natural, para mejorar la planificación de los contratos –en especial, de los recurrentes- y, por descontado, con la inteligencia artificial, tan prometedora para superar cuellos de botella y ganar agilidad. Este será uno de los empeños del Gobierno de Asturias durante los próximos meses: sacarle el máximo rendimiento a la inteligencia artificial, ya omnipresente, para mejorar el funcionamiento de la Administración. Es un objetivo de primer orden.
Ya concluyo. Soy consciente de que he sobrevolado todas estas cuestiones y que he dejado otras sin abordar, como la capacidad de la contratación para fomentar la colaboración público privada, pero no podría hacerlo sin alargarme demasiado. En todo caso, me quedo con lo más importante: agradecerles la celebración de estas jornadas. No saben hasta qué punto se agradece encontrar ejemplos de estabilidad, madurez y colaboración institucional en estos tiempos. Con estímulos así, hasta la contratación pública resulta amena. Muchas gracias.
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